martes, octubre 30, 2007

La brecha digital

Google elige Buenos Aires para sus inversiones, aprovechando la estabilidad económica del país suramericano, apoyando así las posibilidades de reducir la brecha digital. Lationamérica, con Chile a la cabeza, se sitúa en los últimos lugares en el ranking de los países que usan las nuevas tecnologías de la comunicación y pierde unos tres millones de dólares al año por esa falta de desarrollo tecnológico. En México organizan un congreso internacional, viendo la necesidad de modernizar a las universidades en este campo. Buenos Aires convoca un congreso para conocer los últimos avances en la materia. Una empresa, con sede en San Diego, Estados Unidos, lo tiene bien claro y vende por Internet productos de su tierra a los emigrantes, ocupando el espacio que no han sabido asumir los países latinoamericanos. ¿Han hecho algo los gobiernos de la región para impedirlo?. Las críticas fáciles, como en tantos otros casos, dirán que la culpa la tiene el imperialismo.

6 comentarios:

Gaiar dijo...

Y los precios? Son asequibles?

LUIS AMÉZAGA dijo...

Comercio tradicional y digital juntos son muy poderosos. No verlo es cerrarse puertas en el mundo.

Waiting for Godot dijo...

Críticas fáciles, nunca mejor dicho. Un beso.

vladimir maiakovski dijo...

siempre es mejor que la culpa la tenga otro.

hoy en día, al no manejar las nuevas tecnologías, nos estamos convirtiendo en los "nuevos analfabetos".

hoy en día, al no poseer políticas de información claras, nos estamos convirtiendo en los "periféricos". no podemos escribir nuestra historia.

seguramente alguien lo hará por nosotros.


buen blog.

dull dijo...

Renovarse o morir, se ve mas difícil de lo que suena y en nuestra tecnologia latina, como en todo, los beneficiados llevan la ventaja.

Saludos amigo

Daniel Mercado dijo...

Es un tema complejo como todo lo relativo al atraso. No usar neuvas tecnologías genera pobreza, la pobreza impide adquirir nuevas tecnologías y así sucesivamente. Y tienes razón, uno de los problemas está en la actitud, considerar que alguna conspiración se opone al desarrollo y así nos resignamos, como estados (en latinoamérica) a asumir responsabilidades.