Son los propios gobiernos latinoamericanos los que deben abrir las puertas a la población latinoamericana, para que puedan entrar en el mundo que avanza cada día a pasos agigantados. Basta de gobiernos populistas que siempre le echan la culpa a los Estados Unidos de todos los males. El enemigo, se proclama, está fuera de casa, pero si los capitales de las multinacionales extranjeras se aprovechan del terreno local es porque se lo permiten los gobiernos del subcontinente. Las empresas van a lo suyo, a ganar dinero, porque de lo contrario decidirían transformarse en organizaciones no gubernamentales. Latinoamérica no logra avanzar y sigue dando tropezones, pero necesita de la ayuda externa por su incapacidad para crear riqueza, para obtener por medios propios los servicios que demandan los ciudadanos, desde el agua potable, productos de consumo o, en último término, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), es decir, el conjunto de técnicas, desarrollos y dispositivos avanzados que integran funcionalidades de almacenamiento, procesamiento y transmisión de datos. Pero, de todas formas, antes hay que sentar las bases para la investigación y la innovación en el diseño de esos productos, porque no se puede comenzar a construir una casa por el tejado, ya que antes, lo primero que hay que hacer es hacer los cimientos. La economía debe basarse en la creación de riqueza, procurando posteriormente su mejor distribución social. Y hasta que Latinoamérica no encuentre el camino, todo seguirá igual, con grandes bolsas de pobreza y desigualdades, eso sí,
echándole la culpa a los países ricos, especialmente a los Estados Unidos. Al final, habrá que darle la razón al dicho popular de que
"la culpa la tiene el gobierno", aunque ninguno lo admita.