viernes, mayo 16, 2008

Entre el cambalache, los gatos rabiosos y los grillos


Un cambalache, un saco lleno de gatos rabiosos o una jaula de grillos. Latinoamérica vuelve a presentar su ridícula imagen en la Cumbre con la Unión Europea, que se convierte en un cuadrilátero político como si de un combate de boxeo se tratara.
El primer round
lo disputan los mandatarios de Alemania y Venezuela. el segundo, Venezuela y Brasil. Está bien decir, de todos modos, que los gobiernos europeos mantienen sus vínculos diplomáticos para conservar los pingües beneficios de sus negocios en el subcontinente, que suponen ingentes ganancias millonarias. Pero la cruda realidad es la debilidad democrática de los gobiernos latinoamericanos, incapaces de crear riquezas, sumidos en la
obligada dependencia
de tener que comprar lo que únicamente se fabrica fuera como los ordenadores, teléfonos móviles y productos de tecnología punta. En la Cumbre entre Latinoamerica y Europa se vuelve a hablar del hambre, cuando persisten las
abismales desigualadades
económicas y sociales, que exigen una reforma tributaria. Se insiste, además, en el cambio climático, cuando el presidente de Brasil, Lula da Silva, da la espalda a la máxima defensora de la Amazonia, igual que Latinoamérica da la espalda a Europa que necesita repartir sus producciones de bienes y productos, imprescindibles para los consumidores de Latinoamérica en un intercambio también desigual.

5 comentarios:

Waiting for Godot dijo...

La desigualdad que impera en el mundo. Besos para ti.

Makiavelo dijo...

Es como ponerle el cascabel al gato

¿Dónde está el ratón que se atreve?

Saludos.

Meli dijo...

como me duele...uich, duele mucho latinoamerica...y nuestro granito de arena a veces nos cuesta tanto!

Abril_de_otoño dijo...

quien se atreve no????
es de todos los dias esto, que se puede hacer? nada creo yo..


besos...

Dalva Maria Ferreira dijo...

O pior cego é aquele que (como eu) não quer ver. Enfiamos a cara na areia, fingimos que não é conosco. Afinal o raio só cai na casa do vizinho, nunca na nossa, não é mesmo?

Um abraço!